A los agricultores de los estados del Golfo no les falta información: están rodeados de ella. Recomendaciones universitarias, programas de organismos gubernamentales, videos en línea, proveedores de insumos, grupos en redes sociales… parece que todos tienen una respuesta.  

Pero cuando no llueve, o llueve todo de golpe, o cuando los costos de los insumos se disparan, o cuando una cosecha se echa a perder a pesar de haber hecho todo bien, la pregunta es: ¿en quién confías cuando las cosas se ponen difíciles? Para muchos agricultores pequeños y medianos de todo el sureste, las respuestas más confiables no vienen de un libro de texto ni de un seminario en línea; vienen de alguien que tiene tierra bajo las uñas y que ya ha pasado por el mismo desafío. 

Tomemos como ejemplo a un productor de cultivos en hileras y ganado del sur de Georgia que enfrentaba problemas de compactación repetida del suelo y rendimientos cada vez más bajos tras las fuertes lluvias. Los boletines de extensión le ofrecían una orientación sólida, pero no fue sino hasta que se unió a una red regional de agricultores a través de un evento de campo local que las cosas comenzaron a cambiar para él. Otro agricultor, a solo unos cuantos condados de distancia, llevaba años experimentando con cultivos de cobertura y pastoreo controlado. No de manera perfecta ni sin contratiempos, pero con suficiente éxito como para compartir lo que funcionaba en suelos similares y bajo patrones climáticos parecidos. Esa conexión se tradujo en visitas a las granjas, llamadas telefónicas y resolución conjunta de problemas. En una sola temporada, el agricultor en dificultades no solo estaba probando nuevas prácticas, sino que entendía por qué funcionaban y cómo adaptarlas.

Ese es el poder del aprendizaje entre pares. Las redes de agricultores, ya sean formales o informales, van más allá de la teoría y se centran directamente en la aplicación. Crean un espacio para conversaciones sinceras sobre los fracasos (no solo sobre los éxitos), que suelen ser precisamente donde ocurre el verdadero aprendizaje. Las redes ayudan a los agricultores a adaptar sus prácticas a las condiciones locales, en lugar de intentar replicar algo que funcionó a cientos de millas de distancia. Y, lo que es igualmente importante, reducen el aislamiento. La agricultura puede ser una profesión solitaria, especialmente para las explotaciones más pequeñas. Formar parte de una red genera confianza, impulsa la innovación y, a menudo, conduce a nuevas oportunidades, como el uso compartido de equipos, la comercialización conjunta o la resolución colaborativa de problemas. 

Participantes de un taller aprendiendo de la agricultora de Misisipi Jody Reyer en un taller del NCAT. Foto: NCAT

Si aún no formas parte de una red de agricultores, empieza cerca de casa. Busca jornadas de campo, talleres o grupos dirigidos por productores que organicen los servicios de extensión, los distritos de conservación u organizaciones sin fines de lucro (¡como NCAT!). Pregunta a otros agricultores en tu tienda local de alimentos para animales o en el mercado de quiénes están aprendiendo. Presta atención a quienes están probando algo diferente y hazles preguntas. Las redes más sólidas no tienen por qué parecer formales. A veces empiezan con una conversación al borde de un campo. 

Este blog es una producción del Centro Nacional de Tecnología Apropiada (NCAT) a través del programa de Agricultura Sostenible de ATTRA, en el marco de un acuerdo de cooperación con el Departamento de Desarrollo Rural del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA). ATTRA.NCAT.ORG.