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Desde muy joven, Ayanna Hill soñaba con vivir en el campo y trabajar como veterinaria. Aunque la realidad no se desarrolló tal como lo hubieran dictado sus sueños, ahora es una agricultora principiante con 12 acres en Richmond, Texas, y mucho potencial y apoyo de la comunidad. Todavía tiene un trabajo fuera de la granja, pero espera poder, algún día, mantenerse a sí misma y a su familia con los frutos de su trabajo en la granja. Su carrera en tecnología de la información le dificulta manejar tanto la granja como su trabajo fuera de ella, pero está tratando de enfocarse y planear una estrategia que genere un retorno positivo de la inversión y le permita dejar su trabajo de oficina para dedicarse a la agricultura a tiempo completo. Hasta ahora, ha desarrollado una presencia en línea, ha registrado su negocio como una sociedad de responsabilidad limitada (LLC) y ha estado experimentando con la jardinería. También dedica parte de su tiempo a investigar métodos de producción y a participar en grupos que apoyan a los agricultores locales, a las mujeres y a las personas de color.

Ayanna utiliza el huerto de su patio trasero para experimentar con diversos cultivos. Aunque todavía no ha vendido sus productos, en los últimos meses ha podido hacer donaciones a la comunidad y a diversos eventos.

Después de 20 años de arrendar sus tierras a ganaderos y dejarlas en barbecho, la pandemia de COVID-19 impulsó a Ayanna a comenzar a reflexionar y a dar forma a la idea de iniciar un negocio agrícola en serio. Una de las iniciativas que más le entusiasma desarrollar se centra en la producción de cáñamo. Ya cuenta con una licencia para producir cáñamo y planea cultivarlo para obtener grano, con el fin de producir una línea de botanas de valor agregado y textiles derivados del cáñamo.

Ha estado platicando con chefs locales para explorar la posibilidad y la viabilidad de crear un proyecto de “recolección por cuenta propia” tanto para los chefs como para la comunidad local. Ayanna también está interesada en incorporar el agroturismo a su modelo de negocio multifacético, con la inclusión de yurtas o silos reconvertidos y un espacio de “tecnología verde” para la comunidad rural de los alrededores.

Ayanna expresó que necesita más tiempo para dedicarse al negocio agrícola con el fin de desarrollar su infraestructura, diseño y flujo de trabajo. Ya ha asumido muchas responsabilidades y ha sabido adaptarse a los contratiempos, y sigue decidida a avanzar hacia su meta de dejar su trabajo de 9 a 5 y poder tener un impacto positivo en la comunidad que la rodea a través de la agricultura.