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Desde muy joven, Brandi Wallace, de Hephzibah (Georgia), supo que algún día sería agricultora. Su primer contacto con la agricultura fue a través de la FFA, y no guarda ningún buen recuerdo de aquella experiencia. Al ser la única niña negra del grupo, destacaba y se sintió rechazada. Brandi tuvo su primera gallina a los 18 años y rápidamente amplió su rebaño a más de 100 animales. Esto la llevó a empezar a experimentar con un estilo de vida autosuficiente, en el que vivía de la tierra, produciendo sus propias frutas, verduras y productos animales. Un encuentro fortuito la llevó a organizar un zoológico interactivo en un mercado agrícola local, lo que rápidamente se convirtió en un negocio viable.

A medida que el mini-zoológico fue creciendo, Brandi empezó a producir huevos para la venta y a impartir clases sobre vida en el campo, despiece de animales y elaboración de jabón y queso. Los padres de Brandi también son propietarios de una finca de 3,2 hectáreas que se ha convertido en una granja de alquiler, lo que permite a la gente iniciarse en el estilo de vida agrícola.

Como mujer negra en la comunidad agrícola, se ha encontrado con cierta sorpresa e incredulidad por el hecho de tener animales de granja, y más aún por dirigir una granja en pleno funcionamiento. Algunos dan por sentado que es una ayudante, y no la granjera al mando. La aceptación de la comunidad en este sentido ha supuesto un reto, sobre todo en las primeras etapas, al conocer a gente nueva. Como persona cuyo sustento gira en torno a la educación del público, se ve en la necesidad de enseñar a la gente que las personas negras también pueden ser granjeros.

La tramitación de la licencia ha supuesto otro reto importante. En un pueblo pequeño donde todo el mundo se conoce, los responsables de la oficina de licencias le han puesto trabas innecesarias a la hora de conseguir la documentación que necesita. «La misma señora que trabaja en la oficina de licencias… me ha reconocido en el zoológico interactivo, y antes incluso de que pueda entregar mi solicitud, ya me está mirando mal… e intentando [disuadirme] de solicitar una licencia para cualquier cosa que intente hacer… Siempre está ahí señalándome con el dedo, como diciendo: “No creo que debas hacer esto… Necesito más información”. Ninguna de las preguntas que me hace figura en la solicitud», explicó.

Otras organizaciones que prestan servicio a los agricultores se han quedado cortas al no contar con el personal necesario para atender a la comunidad local. «La única red a la que he recurrido, aparte de Growing Augusta, sería la oficina local de Extensión. Me parece que tienen tan poco personal que no pueden ayudar [ni siquiera] aunque quisieran. Si llamo un lunes, no me devuelven la llamada hasta al menos tres semanas después. Si me paso por la oficina, siempre están fuera». Es un problema común al que parecen enfrentarse muchos agricultores: la falta generalizada de acceso a profesionales del sector agrícola.

Tras adquirir un nuevo terreno en una subasta, ella y su familia sufrieron acoso e incluso amenazas por parte de los vecinos, a quienes no les gustaba el origen étnico de los nuevos propietarios.

«Cuando… entré en la propiedad, algunas de las personas que viven en la zona me acosaron; había quien no se creía que hubiera comprado la propiedad. Me dijeron que me estaban vigilando. “Esto es territorio del Ku Klux Klan y te están vigilando. Ten cuidado, porque disparan cerca de esta propiedad; no es que intenten disparar a la gente, pero a veces ocurren accidentes”». Ciertas experiencias y amenazas como estas la han llevado a plantear el tema al comisionado del condado. Ahora, la policía patrulla los mercados de agricultores para garantizar que todo transcurra sin incidentes.

En lo que respecta a la gestión de la granja, la contabilidad le ha resultado todo un reto, en parte porque el negocio comenzó de manera informal y logró sobrevivir durante bastante tiempo como negocio de pago en efectivo, sin ningún tipo de registro contable. Como Brandi descubrió, se requieren registros fiscales para poder solicitar determinadas ayudas y programas. Ahora que puede contratar a más personal para la contabilidad, no ha conseguido encontrar personal de confianza.

La granja de Brandi ha tenido una trayectoria atípica: comenzó como un proyecto personal impulsado por su amor por los animales y su deseo de producir parte de sus propios alimentos. La granja ha ido evolucionando gracias a encuentros fortuitos con otras personas comprometidas con la agricultura local y adaptándose a las necesidades y peticiones de su comunidad.

A lo largo de este tiempo, Brandi se ha unido y ha participado en varios grupos de gran ayuda que le sirven de plataforma para ofrecer apoyo a otras personas, así como para acceder a formación y recursos que contribuyen a garantizar el futuro de su negocio.

Su resiliencia le ha servido de gran ayuda para superar los retos que le han planteado tanto algunos miembros de la comunidad como otras personas que ocupan cargos públicos. Un aspecto fundamental de su éxito es su constante afán por formarse y su deseo de salir a la comunidad para enseñar y compartir. Como agricultora, sus fuentes de ingresos son variadas y no se corresponden con lo que uno consideraría productos agrícolas típicos, pero Brandi ha sabido vender sus propias habilidades a la comunidad y crecer hasta alcanzar el éxito de formas novedosas. Su implicación en la comunidad no solo tiene como objetivo enseñar, sino también inspirar. El zoológico interactivo ha atraído a muchos niños que llegan con ganas de coger y acariciar a los animales y se van sabiendo más sobre de dónde proviene su comida.