La Universidad Estatal de Pensilvania y la Alianza para la Bahía de Chesapeake recibieron una subvención de 250 000 dólares del Programa de Investigación y Educación en Agricultura Sostenible del Noreste para estudiar cómo las prácticas de agricultura de conservación afectan el bienestar de los trabajadores de las granjas lecheras y las familias de agricultores. La investigación explorará los impactos sociales y laborales que tienen las prácticas de agricultura de conservación —como los cultivos de cobertura, la labranza reducida, las estrategias de manejo del estiércol y las zonas de amortiguación de bosques ribereños— en los agricultores y trabajadores que las llevan a cabo. La líder del proyecto, Kathleen Sexsmith, explica que la implementación de prácticas de agricultura de conservación puede dar lugar a jornadas laborales más largas, fatiga física, mayor exposición al calor e incertidumbre sobre cómo se valoran el trabajo y el esfuerzo adicionales, y que estas preocupaciones pueden representar un obstáculo para una adopción más amplia de dichas prácticas. Este proyecto evaluará cómo las prácticas de agricultura de conservación afectan los riesgos de seguridad y salud en el trabajo, los horarios laborales y la remuneración, así como la satisfacción laboral.