En todo el árido oeste, las decisiones que toman los productores sobre cómo pastorean, siembran y manejan sus suelos tienen repercusiones que van mucho más allá (y más abajo) de la línea de la cerca. Cuando los productores deciden implementar prácticas de conservación del agua, están optando no solo por sostener la agricultura, sino también por proteger la vida silvestre, preservar los hábitats y recargar los acuíferos que abastecen a millones de personas.

El acuífero de Ogallala, en particular, es una fuente vital de agua potable y para riego en ocho estados, y se encuentra bajo presión. Sin embargo, con una gestión responsable de la tierra, es posible frenar su agotamiento e incluso permitir la recarga del acuífero. La mejor noticia es que las prácticas de conservación que recargan el acuífero también mejoran la salud del suelo, aumentan la resiliencia ante la sequía, mejoran la rentabilidad y crean hábitats para especies como los polinizadores, las aves cantoras e incluso la gallina de pradera menor.

Preservar una fuente de vida: el acuífero de Ogallala

El acuífero de Ogallala se encuentra debajo de las vastas praderas del sur de las Grandes Llanuras. Este depósito geológico de agua subterránea ha alimentado silenciosamente la agricultura y las comunidades rurales de la región durante generaciones. Pero ese sustento vital se está reduciendo. Décadas de extracción, a menudo a un ritmo más rápido que el de la recarga natural, han provocado un agotamiento generalizado en muchas zonas.

Afortunadamente, las prácticas de conservación regenerativa ofrecen una solución. Prácticas como el cultivo de pastos perennes de raíces profundas, la rotación del ganado para evitar el pastoreo excesivo, la reducción de la labranza y el aumento de la cobertura del suelo contribuyen a reducir la escorrentía y a favorecer la infiltración del agua.

Estas prácticas son proactivas, no reactivas. Crear las condiciones para la recarga de los acuíferos y la resiliencia ante la sequía requiere una planificación de la conservación, en lugar de limitarse a reaccionar ante los fenómenos climáticos extremos a medida que ocurren. El nivel del acuífero responde a estas decisiones a largo plazo. Manejar una cobertura vegetal perenne diversa y maximizar la cobertura del suelo para minimizar las áreas de suelo desnudo ayuda a crear condiciones que absorban cada gota de lluvia para sustentar los cultivos, el ganado y la vida silvestre, incluso durante los períodos de sequía.

Tierras en actividad, paisajes vivos

En toda la región de las Grandes Llanuras del Sur, un número cada vez mayor de agricultores y ganaderos está descubriendo que lo que es bueno para el agua es bueno para la tierra, lo que es bueno para las aves es bueno para el rebaño, y que todo ello es excelente para las utilidades. Las estrategias de pastoreo adaptativo que imitan los patrones históricos de movimiento de los bisontes están ayudando a mantener los pastos vigorosos y resistentes. Los cultivos de cobertura y la labranza mínima están aumentando la materia orgánica y protegiendo el suelo de la erosión y la sequía. En los lugares donde las especies leñosas invasoras han desplazado a los pastos nativos, las quemas controladas y la remoción mecánica están recuperando la estructura abierta que los pastizales necesitan para prosperar. No se trata de recuperar una sola especie, sino de reconstruir el tejido de la pradera, un pastizal a la vez.

Este enfoque integral crea un paisaje que retiene el agua, favorece la vida silvestre y resiste las sequías de manera más eficaz. A largo plazo, también reduce los costos de insumos, mejora la producción de forraje y ayuda a los productores a gestionar los riesgos. Los beneficios ambientales y económicos van de la mano.

Un pájaro de la pradera, una visión más amplia

Una especie que se beneficia enormemente de estas prácticas regenerativas es la gallina de pradera menor. Aunque está incluida en la lista federal y a menudo es objeto de debate político, representa una verdad mucho más amplia: las condiciones que favorecen su supervivencia también favorecen la prosperidad de los sistemas de pastizales. Los pastos nativos, la diversidad de plantas herbáceas, la abundancia de insectos y las perturbaciones controladas, como los incendios y el pastoreo, son tan importantes para las crías de las aves como lo son para el forraje y la recarga de los acuíferos. Todo esto forma parte de un enfoque holístico en el que el hábitat de las aves, el forraje para el ganado y la recarga de los acuíferos no son intereses contrapuestos, sino resultados complementarios.

El Proyecto «Abundant Ogallala»: De los principios a la práctica

Consciente de estos beneficios que se superponen y de los retos que se entrelazan, el NCAT lanzó el Proyecto Abundant Ogallala, que apoya a los productores en la adopción de prácticas regenerativas que restauran la salud de la pradera y promueven la sustentabilidad de las aguas subterráneas. Ya sea que el enfoque sea mejorar la salud de los pastizales, fortalecer la resiliencia ante la sequía o restaurar el hábitat de especies como la gallina de pradera menor, el Proyecto Abundant Ogallala tiene como objetivo apoyar soluciones reales y concretas sobre el terreno.

Este verano, el proyecto también organizará una serie de seminarios web gratuitos titulada De la escasez a la sustentabilidad: una visión para las Grandes Llanuras del Sur. Ganaderos, investigadores y conservacionistas, quienes están encontrando puntos en común a través de la gestión responsable, se reunirán para compartir historias y estrategias sobre cómo desarrollar la resiliencia desde la base —literalmente—.

Para obtener más información sobre cómo inscribirte en un plan de conservación gratuito, visita la página del Proyecto Abundant Ogallala o envíanos un correo electrónico a AbundantOgallala@ncat.org.

Una temporada de esperanza

Ya sea que críes ganado, cultives cultivos de cobertura o restaures pastizales nativos, tu tierra puede ser más que un espacio de producción. Puede ser un refugio. Un reservorio. Un lugar donde el suelo, el agua y la vida silvestre conviven en equilibrio. A medida que avanza la primavera, recordamos que cada decisión que tomamos importa para nuestra tierra, bajo nuestros pies y para las generaciones futuras. Nos recuerda que las decisiones que tomamos en la tierra tienen repercusiones mucho más allá de esta temporada. También nos recuerda que la naturaleza es resiliente. Que el plan de pastoreo de un ganadero, un pedazo de flores silvestres nativas o una sola decisión de dejar un poco más de cobertura pueden marcar toda la diferencia. A medida que avanzamos en esta estación, te invitamos a ver tu tierra no solo como un terreno de producción, sino como un hábitat. Como una esponja para la lluvia, un filtro para los nutrientes y un lienzo para la renovación. Cuando cultivamos y criamos ganado con intención, la pradera nos responde. Florece. Canta. Y a veces, si somos constantes, nos recompensa con algo más que mera belleza. Nos brinda ingresos y una calidad de vida con la que todos soñamos.